Tenemos pánico a la soledad, y al final, ese miedo al que tanto tememos, es lo único que nunca nos abandona
lunes, 5 de febrero de 2018
miércoles, 13 de diciembre de 2017
Tierra
La gente necesita echar raíces para poder florecer después. Para eso es necesaria una tierra, una tierra fértil, amable, que te nutra, que te proteja. Pasé muchos años de mi vida intentando echar raíces allá donde fuera. Y yo, ciega, me rompía una y otra vez contra las piedras que me encontraba. Pero un día, en vez de tropezar contra una roca, me introduje en un trozo de tierra húmeda, una tierra que llevaba buscándome desde hace años. Y quedamos juntos, floreciendo, amándonos en una eterna simbiosis de felicidad.
Eres mis 4 elementos
viernes, 8 de diciembre de 2017
Aire
Nací con alas,
pero tuve vértigo. Y ese miedo irracional a saltar al vacío me impedía iniciar
el vuelo. Hasta que llegaste tú, dispuesto a enseñarme a despegar los pies del
suelo. Y me empujaste. No me diste alas, pero me enseñaste a usarlas. Y de mi
estómago salieron mariposas, revoloteando, más vivas que nunca. Y en un
suspiro, recorrimos el cielo. Y cuando por fin aterrizamos y pude mirarte a la
cara, me di cuenta de que no necesitaba volar para ser libre, pues tenía todo
el cielo en tus ojos.
Eres mis 4 elementos
lunes, 20 de noviembre de 2017
Agua
Entraste como un torrente de agua en mi vida. Arrasabas con todo lo que te encontrabas. Al principio quise ir a contracorriente, luchar contra ese sentimiento del que me empapabas. Pero un día me rendí, decidí dejarme llevar. Y cuando el agua inundó mis pulmones, por fin pude respirar. Y es que estaba sedienta, sedienta de amor, de nuestro amor. Y en vez de dejar destrucción a tu paso, me llenaste de vida. Pues al fin y al cabo eres agua, vital en mi mundo.
Eres mis 4 elementos
lunes, 13 de noviembre de 2017
Fuego
Una chispa. Te enciendes. Tu boca en mi boca. Tu saliva en mi saliva. Tu lengua me roza. Realizamos un baile de caricias apresuradas. Fuera máscaras, fuera ropa. Sólo tú y yo. Piel con piel. Jadeos. Mezcla de sudores, de fluidos. Dejamos de ser tú y yo, fusionándonos en un solo ser. El fuego nos envuelve, nos quema, y juntos ardemos. Y volamos unidos, cenizas rozando las estrellas. Más puros, más ligeros, más nuestros. Ya vuelve el oxígeno, ya vuelve la calma. Volvemos a ser tú y yo. Hasta que otra chispa nos vuelva a prender.
Eres mis 4 elementos
martes, 10 de octubre de 2017
Relatividad
Que si en vez de reflexionar
sobre todo tipo de teorías y cálculos
nos centráramos en estar enamorados,
entenderíamos a la perfección
la verdadera relatividad del tiempo
martes, 3 de octubre de 2017
La piedra eterna
El
ser humano, el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y así
seguiremos, eternamente, negándonos a aceptar que la ilusión, simplemente, es
esa piedra con la que estamos encariñados; odiando a la decepción, aun a sabiendas
de que no es más que la herida ocasionada por esa caída.
El problema no es tropezar, el problema es encariñarse con la piedra
domingo, 23 de abril de 2017
Amor literario
Cuando finalmente terminó el libro, se arrojó al vacío. Él
no podía ser de carne y hueso, pero ella, siendo noticia, podría transformarse
en literatura. Se convirtieron en el talón de Aquiles de todo escritor; aquella
realidad siempre superó a la ficción.
No dejes para mañana lo que puedes leer hoy. Feliz día del libro
sábado, 25 de marzo de 2017
Tu eterno perfume
Si nosotros viviéramos
lo que la rosa, con su intensidad,
el profundo perfume de los cuerpos
sería mucho más.
¡Ay!, breve vida intensa
de un día de rosales secular,
pasaste por la casa
igual, igual, igual,
que un meteoro herido, perfumado
de hermosura y verdad.
La huella que has dejado es un abismo
con ruinas de rosal
donde un perfume que no cesa hace
que vayan nuestros cuerpos más allá.
Miguel Hernández
A veces puedo escuchar tu voz, pero por mucho que corra,
cuando llego ya te has ido, dejándome ese aroma tan tuyo a rosas mojadas que
demuestran tu presencia y mi cordura.
Microcuento
domingo, 12 de marzo de 2017
Suicidio mental
Le
gustaba asomarse a la ventana y pensar como sería todo si él no estuviese ahí.
Si él no hubiese nacido. Cerraba los ojos con fuerza, y se imaginaba a su
familia sin él, a sus amigos sin él. Sabía que no era indispensable, al fin y
al cabo nadie lo es. Pero también sabía que no podía desaparecer así como así,
ya no. Había gente que lo quería, eso lo tenía claro. Pero simplemente sentía
que todo iría mejor si nunca hubiese existido. Le caían lágrimas, asomado a la
ventana, día tras día. Quería volar, escapar. Pero sabía que no podía hacerles
eso, ya no. Era tarde. Simplemente tenía que limitarse a existir, a seguir
respirando, a seguir sintiendo que sobraba. Sabía que la vida era un gran
regalo, lo sabía de sobra. Era consciente de la suerte que tenía, de lo
afortunado que era. Por eso mismo preferiría no existir. No se sentía merecedor
de estar vivo, de poder disfrutar de tantas cosas buenas. Demasiados errores cometidos
a lo largo de su vida, demasiado daño había causado ya. Odiaba hacerle daño a
la gente que le quería, a la gente a la que quería. Y se odiaba por ello. Por
eso mismo preferiría no existir, pues sería el mejor regalo que podría haberles
hecho a esa gente a la que quería, para que fuesen más felices, para que no
sufriesen por su culpa. Le gustaba coger algo afilado, asomado a la ventana.
Así, cuando se quedaba sin lágrimas en los ojos, podía llorar por la piel.
Sabía que no podía desaparecer, pero se sentía bien imaginándolo. Por la pierna
le resbalaban pequeñas gotas de sangre. Nadie podía enterarse, nadie podía
preocuparse por él, ya había causado demasiado mal. Por eso hacía tiempo que
había decidido callarse las cosas, ocultar sus heridas del alma y de la piel.
Corte tras corte, lágrima tras lágrima, se iba calmando. Ya no sabía cuántas
decepciones había causado, pero no quería causar ninguna más. Así que decidía
seguir respirando. Siempre lo hacía. Y sabía que siempre tomaría esa decisión.
Porque ya era tarde para abandonar este mundo; ya era tarde para desaparecer.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Marcas de tu paso por mi vida
Hoy ha amanecido otro día más sin
ti. He vuelto a soñar contigo, he vuelto a llorar. Me desperté sola, una vez
más. Durante apenas un instante, sentí tu abrazo por la espalda, pero no,
seguía estando sola, sin ti, con tu lado de la cama tan frío como lo ha estado
este último mes. Te fuiste, y por más que te busco, por más que te pienso, ya
no estás, ya no estás conmigo. De vez en cuando siento tu fantasma deambulando
por la casa, incluso llego a escuchar tu risa, pero no es más que una ilusión. Te
fuiste, arrasándolo todo, llevándote todo lo que era tuyo. O eso creíste,
porque a pesar de todo te dejaste pequeños detalles a los que me aferro en este
naufragio. Pequeñas marcas, pequeñas huellas apenas apreciables, pero que aún
soy capaz de encontrar por todas partes. Para que engañarnos, quizás será
porque busco la mínima parte de ti para no aceptar de que te fuiste. Con la
esperanza de encontrar esa excusa para poder hablarte, para poder verte,
diciéndote que vengo a devolverte eso que es tuyo.
¿Recuerdas ese día en el que me
hiciste coquillas mientras bebía mi colacao antes de irnos a dormir? Pues por
mucho que lo lavé, esa mancha en el pijama sigue ahí. Al igual que ese intento
de corazón que dibujaste una tarde en mi corcho. Y por supuesto, esa última
caja de bombones sigue ahí, intacta, incapaz de abrirla por miedo a quedarme
sin uno de los pocos recuerdos que me quedan de ti. Tampoco te acordaste de
llevarte la cuchilla de afeitar que teníamos de repuesto en mi casa “para
ponerte guapo”. Pero que joder, no sabes que aunque pasases 5 años sin
afeitarte, para mí seguirías siendo el más guapo del mundo. Bueno, y no sabes
que se te quedó aquí un cepillo de dientes que te había comprado aquel último
jueves. Por supuesto, se te quedaron olvidados los paquetes de palomitas que
tantos días de lluvia, manta, mimos y peli nos prometían. Y no sé si lo
recuerdas, pero las tabletas de chocolate con menta y las chiquilín no se comen
solas. Y de vez en cuando en el calendario aún encuentro algún que otro corazón
señalando una fecha importante para los dos. Por cierto, me cuesta bastante
abrir ciertos libros y encontrar poemas y poemas subrayados, subrayados para
ti. Las fotos siguen ahí, cada vez que entro en la galería, recordándome los
días a tu lado, como si se estuviesen riendo de mí. Al igual que mi aleatorio,
que se empeña en poner nuestras canciones. ¿Sabes? Estoy segura de que hasta quedan
restos de tu sudor en la cama, puede que incluso algún pelo tuyo por la
almohada. Y hablando de camas, tengo que confesarte que sigo durmiendo con tu
sudadera, aunque empieza a oler más a mí que a ti. Y no sé cómo explicarle a
nuestro peluche que tú no vas a volver (creo que te echa de menos, aunque te
aseguro que no tanto como yo). Por cierto, puestos a dejarme marcas, podías
volver a morderme, que esas marcas sí que las echo de menos.
Bueno, y por supuesto, me dejaste una enorme marca en lo que queda de mi roto corazón. Porque te fuiste, sí, llevándotelo todo, o al menos intentándolo. Pero ya te digo, te dejaste atrás cosas que eran tuyas. Te olvidaste de llevarme contigo. Y yo, mi vida, yo era tuya.
Bueno, y por supuesto, me dejaste una enorme marca en lo que queda de mi roto corazón. Porque te fuiste, sí, llevándotelo todo, o al menos intentándolo. Pero ya te digo, te dejaste atrás cosas que eran tuyas. Te olvidaste de llevarme contigo. Y yo, mi vida, yo era tuya.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Bienvenidos a mi caos
Bienvenidos a mi mente, a mi corazón, a mi mundo. No os esperéis nada especial, os lo advierto. Esto no son más que fragmentos de mí, de una persona cualquiera. Cuesta expresarse, y más cuando se trata de sentimientos, pero habrá que intentar desahogarse de alguna forma. No soy ninguna experta escribiendo, lo sé. Y si aún así decidís quedaros y gastar un poco de vuestro tiempo leyendo estos caóticos pensamientos, espero no defraudaros. Y espero que en alguna línea podáis sentiros algo identificados, aunque sea solo un poco. Eso me haría inmensamente feliz.
Gracias por leerme, de todo corazón.
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